(Sesión del día 13 de abril de 2011, hora 14.50)

Ingresan a Sala representantes de la Federación Uruguaya de Psicoterapia.

——Tenemos el gusto de recibir a los representantes de la Federación Uruguaya de Psicoterapia, licenciadas María Esther Lagos y Olga Gómez, licenciado Eliseo González Regadas y doctor Ricardo Laube.

 

SEÑOR GONZÁLEZ REGADAS.- La Federación Uruguaya de Psicoterapia nuclea sociedades científicas que, desde el punto de vista legal, son asociaciones civiles sin fines de lucro, dedicadas a reunir y/o formar psicoterapeutas. Reunimos a 20 asociaciones que suponen un total de unos 2000 afiliados.

¿Cómo llegó a formarse la Federación Uruguaya de Psicoterapia?
FUPSI nació el 3 de junio de 2004 como resultante de un largo recorrido en el país en lo que concierne a lo que entendemos como profesión de psicoterapeuta. A partir de la década de los sesenta, como respuesta a las carencias existentes en la formación universitaria, las sociedades científicas del Uruguay empiezan a formar psicoterapeutas. Había gente que ya se había formado en el extranjero. Los psicoterapeutas, que podían ser psicólogos o psiquiatras -hoy en día la mayoría lo son-, inicialmente habían tenido una formación autodidacta en el extranjero, pero a partir de esa época empezaron a formarse sobre todo en las sociedades científicas y sus respectivos institutos de formación.

En 1997 o 1998, el Ministerio de Salud Pública realizó un primer intento de regulación de la psicoterapia; no recuerdo bien quién era el Ministro de la época. En aquella instancia hubo una convocatoria de la Comisión de Salud Mental y, en presencia de varias sociedades científicas, se consideró la posibilidad de regular la psicoterapia como ejercicio profesional específico distinto a la práctica de la psicología y de la psiquiatría.

Después de ese primer contacto, hubo otros en 1998, 1999 y 2000, y a partir de 2006 o 2007 empezaron a funcionar comisiones técnicas. Cuando se comenzó a discutir el desarrollo y la implementación del Sistema Nacional
Integrado de Salud en el ámbito de la salud mental, las sociedades científicas que hoy integran FUPSI participaron en las distintas comisiones que debatieron cuáles iban a ser las diferentes canastas de prestaciones para los servicios de salud mental. Eso quedó como documentación. Fueron instancias de trabajo intensas, de muchas horas, donde una cantidad de colegas dieron lo mejor de sí mismos para aportar experiencias largas, que son de no menos de cincuenta años.

¿Qué nos trae estar acá? A partir de la implementación del Sistema Nacional Integrado de Salud se anuncia que muy probablemente en el transcurso de este año la psicoterapia se incorpore como una de las prestaciones que deberán brindar las instituciones que integran este Sistema. Entonces, nos parece fundamental para la protección de los usuarios que para de Graduados de la Facultad de Medicina otorga un diploma en Servicios de
Salud y la Facultad de Psicología está implementando posgrados que tienen que ver específicamente con la psicoterapia.

A su vez, hay tres asociaciones científicas que integran la Federación Uruguaya de Psicoterapia que han sido reconocidas por el Ministerio de Educación y Cultura luego del larguísimo trámite que exige el famoso Decreto Nº 308/95. Luego de cinco o seis años, han logrado ser reconocidos como institutos universitarios de posgrado para formar en psicoterapia la Asociación Psicoanalítica del Uruguay, la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica y alguna otra institución.

Queremos que haya una protección a los usuarios, una buena formación de los psicoterapeutas, un reconocimiento de una situación de hecho que lleva aproximadamente cincuenta años y la transformación de esa situación de hecho en una de derecho.

Nos parecía importante trasmitirles a ustedes como legisladores una propuesta que pensamos puede implementarse de manera rápida, sin generar ningún tipo de resistencia. Ha habido suficiente debate y acuerdo entre todas nuestras asociaciones lo que, por un lado, estaría dando un reconocimiento de derecho a la psicoterapia como una profesión independiente de la de psicólogo y de la de médico psiquiatra. Cuando en los decretos se dice que se implementará la psicoterapia, se la está nombrando, pero como profesión no existe, por lo que hay que crearla, reconocerla como tal. Reitero que nos parece muy importante reconocer la formación que da la mayoría de estas instituciones -no las veinte, porque no todas son formadoras de psicoterapeutas- en diferentes líneas de psicoterapia.

No quiero definir qué es la psicoterapia; les vamos a entregar una carpeta en la que detallamos cómo fue el proceso histórico, cuáles son los antecedentes y las distintas instancias a nivel nacional e internacional. Las asociaciones que integran la Federación Uruguaya de Psicoterapia representan todas las líneas de trabajo psicoterapéutico en Uruguay, aunque la Federación no representa a todas las asociaciones; hay algunas que no forman parte no porque haya intención de excluir a nadie, sino por opciones de las propias organizaciones. Pero todas las líneas están representadas en la Federación Uruguaya.

En estos siete años que tiene de existencia realizó algo que a nosotros nos parece un tremendo logro que es encontrar puntos en común absolutamente consensuados, más allá de las diferencias que cada uno de nosotros tiene para instrumentar la práctica de los cambios en las personas que son los usuarios de nuestra actividad. Llegamos a un consenso respecto a la formación mínima. En el documento que entregamos incluimos esas normas mínimas que, además, se compadecen con las normas de formación que se requieren a nivel internacional y de Sudamérica: alrededor de cuatrocientas horas de formación teórica, clínica y técnica; cien horas de prácticas clínicas supervisadas, y por lo menos trescientas horas de trabajo personal con el psicoterapeuta puesto en el lugar de paciente para entender su herramienta -que es uno mismo- y cómo esto puede interferir o favorecer los procesos que se dan en el vínculo con el usuario que viene a consultar.

En el documento que dejaremos diferenciamos intervenciones psicológicas puntuales de una psicoterapia y cuáles pueden ser los efectos terapéuticos de cualquier tipo de intervención o de acto que no sea psicoterapia en sí. La psicoterapia es un proceso que tiene un inicio, un desarrollo y un final -que puede estar preanunciado de antemano entre las dos partes, usuario y profesional, que acuerdan trabajar juntas en forma cooperativa; o bien ser indeterminado, y hay una evaluación por las dos partes. Hay estudios de evidencia científica de los resultados, hay meta-análisis y, en las bases de datos, cientos de miles de publicaciones de resultados y procesos acerca de qué implica hacer un proceso terapéutico y cómo ayuda a generar en el usuario bienestar y cambios en el sentido que él busca.

En función de lo expuesto, queríamos hacer dos propuestas. En primer lugar, en función del recorrido que hizo cada uno y en base a estas normas mínimas que se establecieron entre las asociaciones queremos que el Ministerio de Salud Pública reconozca como título que acredita y avale el ejercicio profesional el Certificado Uruguayo de Psicoterapia que acredita a la persona como alguien debidamente formado en una corriente, en una línea. Sabemos que quien tiene ese certificado por lo menos cumplió con la cantidad de horas que mencioné, pero en los hechos seguramente tiene muchísimas más de formación y de trayecto.

En segundo término, entendemos que la otra cara de la moneda de la formación impartida por los institutos de formación de las asociaciones, implicaría reconocer como institutos universitarios de posgrado a las asociaciones científicas que tienen institutos formadores de psicoterapeutas, en un plano equivalente a lo que se establece en la ley y el decreto mencionados. Pensamos que esto es importante y urgente porque es bastante caótico buscar implementar un sistema donde no se distingue lo que hace un psicólogo, un psicoterapeuta y un psiquiatra, y no se sabe qué es intervenir en el primer nivel de prevención, en el segundo y en el tercero, para usar una terminología bastante conocida. Esto nos parece fundamental porque, de lo contrario, los usuarios no van a conocer el abanico de propuestas que se les ofrece ni cuál es la mecánica y los procesos para hacer un buen uso de ellos y tampoco van a tener garantías de quiénes son los profesionales adecuadamente formados para realizar esa actividad.

Resumiendo, nos parece que es importante reconocer de derecho una situación de hecho, que implicaría estas dos facetas: avalar la formación universitaria de posgrado que otorgan las instituciones y la formación en lo que concierne al ejercicio y a la práctica profesional.

SEÑORA LAGOS.- Hay una serie de evidencias que muestran lo que se planteaba recién, es decir que la psicoterapia existe de hecho, pero no de derecho. Es más: en esta confusión que hay en lo social respecto a quién hace qué y dónde, que constituye un riesgo para los usuarios de estos servicios, se confunde ser psicólogo, con ser psiquiatra y con ser psicoterapeuta y esto viene desde hace tiempo, porque la reglamentación del ejercicio de estas profesiones establece que pueden hacer psicoterapia. Estas profesiones de grado están habilitadas legalmente para hacer psicoterapia, pero lo que no brindan es la formación, la capacitación para hacerla; es algo muy contradictorio y peligroso. Esa falta de capacitación que tienen los egresados de esas carreras explica algo que planteamos en la documentación que les vamos a entregar -y lo dejamos para reflexionar- y es que de otro modo no tendría sentido la existencia de la cantidad de sociedades científicas que hay en nuestro medio desde mediados del siglo pasado, formando profesionales -que ya tienen una profesión de grado-, que tienen que gastar dinero e invertir su tiempo en formarse para hacer algo.

Por otra parte, por ejemplo, en la Universidad Católica, que otorga el título de Licenciado en Psicología -al igual que la Facultad de Psicología de la UDELAR-, hay cursos de posgrado en diferentes líneas, por ejemplo, cognitivo conductual, psicoterapia integrativa, psicoterapia sistémica, logoterapia. Hay formaciones específicas de posgrado en especializaciones de psicoterapia. La Facultad de Psicología de la Universidad de la República está pensando en organizar una maestría en psicoterapia. Quiere decir que el título no está capacitando para ejercer la psicoterapia. Desde 2004 en las cuatro Cátedras relacionadas de la Facultad de Medicina se está trabajando en la implementación de un programa de psicoterapia en servicios de salud que consta de cuatro años -en los dos primeros se enseñan cinco líneas de psicoterapia- y es obligatorio para los currículos de los posgrados de psiquiatría a partir de 2008. La Facultad de Medicina está expidiendo esos títulos a profesionales que se han presentado a una convocatoria porque pueden probar su formación y su trabajo a nivel público, en servicios de salud. Ya se presentaron 749 personas, fueron estudiados los casos y este año se van a entregar algunos títulos.

Es objetivo de este Gobierno -que compartimos- que la psicoterapia, la salud mental, no debería ser algo tan elitista como lo está siendo, sino que debería estar integrada a las prestaciones del Sistema Nacional Integrado de Salud. Todos los ciudadanos deberíamos estar en la misma línea para recibir esta atención. Algunos de nosotros hemos trabajado durante un tiempo sobre cómo implementar la psicoterapia en ese Sistema. Al respecto hay un documento ya redactado, pero aún no tiene la firma del señor Ministro; allí se establece claramente que aquellos psicólogos que estén trabajando en esos sistemas en los tres niveles de atención, pero que no puedan probar su formación específica en psicoterapia tendrán tres años para obtenerla y poder seguir trabajando. Hay mucho elemento para pensar que lo que está habilitado legalmente no lo está por conocimiento y capacitación con el título de grado.

SEÑOR VEGA LLANES.- Esa es una realidad bien compleja. Hay una cuestión de hecho: hay quienes ejercen y, además -pasa en el resto de las profesiones-, uno puede tener un título y después desarrollar una especialidad que, incluso, dependa de su responsabilidad. La ley de profesiones es bastante genérica. Lo mismo ocurre con el Sistema Nacional Integrado de Salud.

He pensado mucho desde varios lados este problema y francamente no es sencillo encontrarle una solución, sobre todo porque, además, tenemos que empezar a mejorar las condiciones de lo que ya tenemos.

Creo que esto es materia de una ley. No hay otra salida que esa. A los efectos del trabajo de ustedes, sería bueno que se pusieran de acuerdo en los elementos que podría contener un proyecto de ley, grandes líneas sobre los que nosotros podríamos comenzar a trabajar -la redacción jurídica la haríamos nosotros o los asesores con los que cuenta el Parlamento-, para que supiéramos los acuerdos que hay. De todos modos, esto no va a ser muy rápido. A pesar de que ustedes piensan que esto no va a ofrecer resistencia, no conozco ninguna ley -hasta de los temas más claros- que no genere algún tipo de resistencia.

Por otra parte, me gustaría preguntarles qué pasa en el resto del mundo con relación a esto.

SEÑOR GONZÁLEZ REGADAS.- Las veinte asociaciones que integran la Federación -que, reitero, está formada por el 90% de las asociaciones científicas formadoras en psicoterapia- están de acuerdo con los planteos que venimos a hacer hoy, lo cual nos parece auspicioso. Esto no quiere decir que a la hora de hilar fino pequeños detalles no puedan surgir diferencias o resistencias. Nosotros estamos acostumbrados a trabajar con las resistencias que tenemos todos -nosotros mismos como psicoterapeutas- a generar cualquier tipo de cambio, cuando en realidad queremos ser gestores y promotores de cambios en el sentido de lo que busca la persona para sí.

Con relación a cómo se ha resuelto esto en otros países del mundo, en Europa hay una carrera de psicoterapeuta; hay carrera de psicólogo, hay carrera de médico psiquiatra y hay carrera de psicoterapeuta. Después de que se termina el bachillerato hay una carrera universitaria que tiene el título de grado y hay posgrados con especializaciones diversas. La psicoterapia es un universo que involucra subespecialidades, al igual que la medicina y la mayoría de las profesiones hoy en día.

En Europa también ocurrió lo que sucede aquí; la solución legislativa que encontró Italia es la que estamos proponiendo. Nos parece muy afín porque, históricamente, el recorrido que ellos hicieron es muy parecido al nuestro. Había universidades que formaban a psicólogos, facultades de medicina que formaban a médicos psiquiatras, universidades que tenían posgrados en psicoterapia y sociedades científicas que desarrollaban líneas específicas de trabajo en psicoterapia. Hay conceptos básicos generales inherentes a la psicoterapia, que tienen que ver con estudiar lo que es la relación entre el usuario y el terapeuta -esa es la base de todo- y a partir de allí cuáles son las técnicas y los recursos para generar y promover cambios en el sentido de aquellos cambios que busca la persona.

¿Qué daban las universidades? Lo mismo que dieron las universidades hasta ahora aquí en el Uruguay, sea la pública o las privadas: información, pero no formación. Hay información de las distintas corrientes en la carrera de psicología, en la de psiquiatría, ya sea de niños, de adolescentes o de adultos, pero no formación. La formación es algo que corre por otro carril y demanda una “currícula” específica, que requiere no solo de conocimientos como los que pueden provenir de la medicina, de las neurociencias, de la psicopatología, sino conocimientos acerca del funcionamiento psicológico, social, de las condiciones sociológicas de vida, etcétera. Hay que poder integrar una concepción del hombre y del mundo; hay que conocer de antropología cultural. Hay que integrar conocimientos que guardan relación con las producciones humanas, con la cultura, etcétera. Todo eso hace a la formación básica del psicoterapeuta. Entonces, esto desborda lo que son tradicionalmente estas dos profesiones y sí está incluido en las “currícula” universitarias que hoy por hoy forman psicoterapeutas en Europa.

De todas maneras, hubo que reconocer lo que pasaba en el pasado, las situaciones de hecho. En Italia, el Ministerio de Salud reconoció que las sociedades científicas que representaban distintas líneas y que estaban acreditadas ante los organismos responsables que cumplían con los requisitos de tener personería jurídica, etcétera, y que habían hecho un largo recorrido en la formación de profesionales de psicoterapia, eran reconocidas como formadoras en términos académicos y como personas egresadas que, a su vez, estaban en condiciones de ejercer aquello para lo cual habían sido formados específicamente. Esto limpió el campo y, a partir de allí, se pudo
decir que las cosas iban a ser de esa manera. No se le pisaron los callos a nadie; eso es algo que no queremos que pase acá y es importante que no pase en ninguna parte del mundo si se quiere sumar e ir para adelante.

Nuestra intención es, simplemente, hacer un aporte como ciudadanos que, humildemente, conocemos algo de estos temas

Nos parece muy importante -como decía el señor Diputado Vega Llanesque esto sea materia de alguna legislación, porque si no es así, no se puede proteger realmente al usuario. Nuestra propuesta, que está un poco más detallada, se refiere al acuerdo que hemos consensuado entre estas veinte asociaciones.

SEÑOR VEGA LLANES.- Puede existir esa solución u otra, pero lo que sí creo es que hay que separar el reconocimiento de la profesión de los requerimientos para la formación.

Los que nos recibimos de médicos somos los que terminamos la carrera de medicina, pero el contenido ha variado en base a las distintas épocas. Uno no debe colocar en una ley requisitos de formación que, obviamente, están sujetos a variaciones del conocimiento científico.

Creo que lo ideal -es casi imposible- sería que el Ministerio de Educación y Cultura tuviera la iniciativa. Eso es un poco más difícil, pero creo que todos estamos dispuestos a examinar la legislación. Hay un proyecto de ley que envió el Poder Ejecutivo en la época en que el Senador Amorín Batlle era Ministro de Educación y Cultura, que reglamentaba la profesión de psicólogo -cada vez que desarchivamos proyectos de ley de la Legislatura anterior aparece ese proyecto- o, por lo menos, agregaba algunas cosas a la profesión de psicólogo.

Me parece que ese sería el camino y que deberíamos trabajar en conjunto para tratar de conformar un proyecto de ley con esas características. Después tiene que ser el Ministerio de Educación y Cultura -en acuerdo con las asociaciones- el que establezca cómo se forma y se adquiere el título de psicoterapeuta.

SEÑORA LAGOS.- Con respecto al momento en el que el médico obtuvo su título o el psicólogo el suyo, de hecho, los psicólogos somos licenciados desde el año 2000 -antes de la Facultad de Psicología se estudiaba psicología en el Instituto de Psicología, en la Escuela Universitaria de Psicología y en la Facultad de Humanidades y Ciencias-, o sea que es una licenciatura muy reciente. La ley del psicólogo establece, entre otras cosas, que está habilitado para hacer psicoterapia; también establece que es el único que lo está, lo cual no es verdad porque los hechos demuestran lo contrario.

En cuanto a cómo se obtiene la formación luego de la carrera de grado -en Medicina se está insistiendo mucho en la educación médica continua-, una de nuestras ideas es que ningún profesional más cuelgue su título y se siente a ver qué pasa. No ocurre eso en ninguna profesión y en la nuestra, menos. Entonces, habría que hacer una recertificación: cada cinco años habría que informar que uno está actualizado y eso de alguna manera soluciona ese tema.

SEÑOR PRESIDENTE.- Muchas gracias por el aporte que han hecho a la Comisión.

Me sumo a la idea del señor Diputado Vega Llanes de comenzar a avanzar en un proyecto de ley en este sentido. Quedamos abiertos a escuchar inquietudes para coordinar un trabajo futuro.

Les agradecemos su presencia.
Se levanta la sesión.
(Es la hora 15 y 25)